(Incluida en el libro
“Ventanas a la Ciudad”)

Lo curioso del caso es que ninguna de las soluciones que daba el señor
Castel coincidieron con la que se tomó últimamente para solucionar el problema
a base de una presa en el río Guadiloba, pero eran muy ingeniosas y dieron pie
al abastecimiento de aguas de las minas y a algunas otras soluciones
intermedias tomadas posteriormente. En sus publicaciones proponía tres
soluciones: el aprovechamiento de aguas de las Minas; aprovechamiento de la
cuenca de “La Labradora” y de la de “La Madrila-Hinche”, o el de las fuentes:
“Castaño”, “Muesas”, “Valhondo” y
todas las agregables en la parte norte de la sierra de la Montaña. Finalmente
se inclinaba por el recrecimiento del manantial del Marco, unido al proyecto
últimamente citado.
Don Joaquín Castel fue el primero que aforó, mediante diversas pruebas
científicas, el agua subterránea del Calerizo y hasta propuso un pequeño salto
de estas aguas en el Vadillo, para mover una máquina que proporcionara luz
eléctrica para el alumbrado público. Sus proyectos, aunque no escuchados,
fueron muy ingeniosos y por ello quedamos constancia de sus desvelos para la
pequeña historia local.
Diario HOY, 19 de marzo de 1983
NOTA.- Fernando
aplica a Joaquín Castel la condición de “fundador” de la farmacia de la Plaza
que durante tantos años llevó su apellido. Sin embargo, se equivoca. Dicha
farmacia era de la propiedad de don Adrián Carrasco Guerra ya en 1870. Joaquín
Castel se casó María Carrasco, nieta de don Adrián, motivo por el que éste le
cedió la farmacia a Joaquín Castel, trasladándose él a otra en la calle
Pintores 31, justo donde desemboca la calle Moret, donde muchos hemos conocido,
durante años, la farmacia de los Acedo. (Nota de Teófilo Amores).
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