viernes, 22 de septiembre de 2017

Las barriadas y su historia


Quizás de la historia próxima de Cáceres es de las que sabemos menos los actuales cacereños. Es la historia esa de una treintena de años a esta parte que, por estimar es sabida de todos, es la más olvidada. Dentro de ella están la vida e historia de algunas de nuestras barriadas que fue entonces, más o menos, cuando surgieron y de la que no sé si las asociaciones de vecinos se han ocupado, ya que es su propia historia, pero de la que, al menos en lo que yo sepa y recuerde, voy a tratar de ocuparme por estimar que también nuestras barriadas tienen su propia historia y son tan dignas de tenerse en cuenta como en propio centro, o la Ciudad Monumental.
Tan Cáceres es el centro como las barriadas y, un poco brindado a esas asociaciones de vecinos, vamos a ocuparnos hoy de cómo surgió alguna de estas ya populosas barriadas de nuestra capital.
Ahora acaban de cumplirse los treinta años de la iniciación de la que hoy se llama “Barriada de Llopis Ivorra”, o “Barriadas unidas”, ya que son varias las que se integran en la actual asociación de vecinos. Hace treinta años, por lo que hoy es el Carneril, Dehesa de los Caballos y  Espíritu Santo, no había más que el terreno del Calerizo. Unos hornos de cal y algunas humildes viviendas de los servidores de estos hornos.
Por aquel entonces se acababa de construir el estadio de la Ciudad Deportiva, y en unos huecos abovedados, que sustentaban las gradas del mismo y que daban a lo que hoy es Campo Hípico de la misma y entonces era simplemente campo, se instalaron familias humildes que no tenían casas y que vivían allí hacinadas y en la indigencia. Esto movió los buenos sentimientos del párroco de San Mateo, don Santiago Gaspar, ya que eran feligreses de su parroquia, y se propuso recabar fondos para hacerles unas casitas a las que pudieran trasladarse. La obra, iniciada por él, la continuó el coadjutor de la parroquia, don Emeterio Hierro, que logró rematar y entregar las primeras 40 casas en las que se albergaron estas familias compuestas en total por unas 200 personas. Tan es así, que a aquellas primeras viviendas se las conoció como “Casas de don Emeterio”. Llegado a Cáceres el obispo don Manuel Llopis Ivorra, tomó sobre sí el continuar estas edificaciones, pero ya de una forma más ordenada, para lo que creó una promotora de viviendas.  Así, sin descender a más detalles, surgió la actual y populosa barriada que lleva ahora el nombre del obispo, pero que tuvieron su origen en aquellas primeras 40 viviendas.
Diario HOY, 26 de marzo de 1983

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