miércoles, 27 de septiembre de 2017

Optimistas y pesimistas


Las cosas tienen su lado positivo y su lado negativo y se ven según que el observador sea optimista o pesimista. Ya es clásico el cuento de los dos que miran una botella a medias y para el pesimista es una botella medio gastada siendo para el optimista una botella casi llena.
No es este que voy a referir el mismo caso, pero tiene implicaciones parecidas en cuanto al modo de ver las cosas por un lado o por otro. Se trata de que la huelga de médicos, que la mayoría ven por su lado negativo en cuanto a repercusiones de la misma, hay quien la ve por un lado positivo. Como quiera que yo no estoy en ninguna de esas dos extremas posiciones, voy a narrarles lo que un amigo optimista me decía al respecto de mencionada huelga, sin entrar —claro está— en las razones que los médicos aducen y que a mi juicio son muy dueños de aducir porque al fin y al cabo defienden aspectos de su profesión, que para ellos son sagrados,
Me decía mi amigo que para él tiene todo ello la parte positiva de que, como hay huelga, la Seguridad Social se va a ahorrar una importante cantidad de dinero en las medicinas que en régimen normal suelen recetarse y que ahora, por mantener solo servicios mínimos, se recetarán en mucha menor cantidad. “Es más —decía mi amigo— ya sabes que muchos españoles somos “toxicómanos” de las medicinas y hasta se ha dicho que el exceso de ellas suele provocar secuelas en esos enfermos imaginativos que son “medicinoadictos”. Pues bien, agregaba, si esta huelga se prolonga, todos esos enfermos imaginativos acabarán curándose al ver que siguen igual sin medicinas que con ellas”. Alguien más terció dándole la razón y diciendo que, según un médico amigo suyo, un enfermo se salva si lo atiende un solo médico, tardará más en salvarse si le atienden dos, y será más difícil que saque la salud adelante, si le atienden varios en consultas. En definitiva que la Naturaleza es tan sabia, que como decía nuestro Quevedo, a veces nos salvamos aún a pesar del médico, porque lo que nos salva es la fe que en él se tiene y no la ciencia, o dicho de otro modo y con argumento fatalista: que de la última enfermedad no hay quien nos salve, por mucho que confiemos en los médicos.
No es esto desconfianza, porque yo conozco a muy buenos médicos y tengo fe en ellos, pero sí es certeza de que cuando nacemos sabemos que lo único cierto es que tenemos que morir. Como ven, hay argumentaciones para todo y si ese es un lado positivo allá el que así piense, aunque estimando que lo que suele pasar es que el que no se conforma es porque no quiere. Esto aparte de que la huelga, cualquier huelga, es incómoda para todos y también —porque esto es democracia— el que cuando se protesta y a tan gran escala, alguna razón habrá para ello.
Diario HOY, 29 de abril de 1983

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