
En esto hay un fenómeno curioso que observamos ya los de esa
generación a la que podríamos llamar de la Guerra Civil. Con esa talla de 1,72
nosotros estábamos entre los soldados más altos de nuestra quinta, pero se dio el
caso de que las generaciones que venían inmediatamente detrás, las que nacieron
a raíz de los años del hambre, eran mucho más altos que nosotros. Recuerdo que
en las familias que había hermanos de varias edades los más pequeños de edad
eran bastante más altos que los hermanos mayores. Se decía entonces, y es
posible que haya algo de razón, que era debido al cambio de régimen de
alimentación. A nosotros no nos alcanzó la leche en polvo, ni el queso de la
ayuda americana, y a ellos sí, y alguna vez que de ello se ha hablado se ha
señalado precisamente esa razón y el que también nosotros, que éramos niños en
esos años del hambre, pasamos más privaciones. Esta última yo no la creo del
todo, porque a nivel general e internacional la talla media del hombre ha ido
creciendo sensiblemente de unos años a otros.
Se da ahora el caso de que las armaduras de nuestros antiguos
guerreros, aun las de los que tenían fama de hombres grandes de tamaño, como el
mismo García de Paredes, sería muy difícil vestírselas ahora a un hombre de
talla normal, y no digamos nada de aquellas como la de Carlos V, que tenía fama
de no ser muy alto, y que ahora no sería capaz de ponérsela ni los que
consideramos bajos. Pero sin remontarnos a tanto, los ingleses, que son muy
dados a las tradiciones, pueden demostrarnos lo que decimos. Hay un regimiento
inglés que estuvo por Cáceres en la guerra de la Independencia, y que en una
batalla que se dio aquí en Arroyomolinos de Montánchez apresaron a la banda de
tambores franceses, y conservan sus uniformes, que ahora no serían capaces de
vestirse más que niños de no más de diez años.
Diario HOY, 17 de marzo de 1983
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