
Pero hay otro aspecto de la historia cacereña que también permanece en
el misterio y roza lo que podríamos considerar leyenda. En nuestra ciudad nació
una de las cuatro órdenes militares españolas, la de Santiago, y también de lo
que estos caballeros representaron en ella, de cómo fue su vida aquí, y aún de
quien fue el primer maestre de la misma, hay sólo enmarañada leyenda y muy
pocas noticias ciertas y comprobadas. Esta podríamos decir que es la parte de
la historia de Cáceres en la que menos se ha investigado, quizás porque, al
mantener ese instituto un pleito con el rey conquistador por la posesión de la
villa y ser finalmente expulsados de ella, las crónicas de dicha orden,
intencionadamente, no quisieron reseñar —y pasaron como sobre ascuas— lo que
fuera la vida cacereña de la orden en sus inicios.
Lo curioso es que, no obstante en los nombres populares, ha quedado
cierto recuerdo a dicha institución caballeresca, que se conservan en la
iglesia de Santiago, que fue su casa matriz, y aun en la llamada “calle del Maestre”, que debe referirse
al maestre fundador de la misma, pero cuyo nombre tampoco se ha conservado y
sólo la leyenda hace alguna alusión al mismo. La leyenda dice que la fundó un
nieto bastardo de la reina doña Urraca, que se llamó don Pedro Fernández
Hurtado, conocido por “Señor de Fuente
Encalada”, allá por 1170, al que se atribuye la fundación de la “Congregatio de Cáceres”, llamándose sus
“mililtes” “Señores de Cáceres”, “Fratres
de Cáceres” y “Caballeros de la
Espada”. Hay otro recuerdo a la orden en la llamada “Torre Juradera de los espaderos”, pero tampoco se sabe ciertamente
si el nombre se debe a una familia de este nombre, o hace mención a la orden
caballeresca. En definitiva, un velo de la historia que como suele decirse: “el
desvelador que lo desvele, buen desvelador será.”
Diario HOY, 29 de marzo de 1983
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