
Lo que sí es verdad es que, quizás por un movimiento pendular, ahora
nos hemos ido al extremo contrario y hay un descaro en ofrecer esta
pornografía, moda que espero pase para quedar las cosas en su sitio.
No niego que en mi época juvenil y aun anteriores, no tuvieran mucho
predicamento las “novelas verdes”,
que solían venderse “bajo cuerda” en
algunas imprentas, porque su comercio estaba muy perseguido y se leían a
escondidas para evitar la riña o el pescozón de los mayores, que pudieran
sorprenderte. A cuenta de ello, conozco una anécdota de un librero cacereño,
don Cástor Moreno, al que yo no alcancé a conocer, que cuando algún cliente,
sobre todo de pueblo, le pedía uno de estos libros le decía: “Se lo voy a dar envuelto, porque esto está
muy perseguido y no debe usted abrirlo hasta llegar a su pueblo”, y, en
efecto, le envolvía un catecismo Ripalda, que tenía el mismo tamaño, y se lo
daba con mucho misterio con lo que el cliente se iba muy complacido, aunque hay
que imaginar lo que diría cuando quitara el envoltorio.
Diario HOY, 26 de agosto de 1984
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