
Pienso con el presidente regional, que hizo la declaración
institucional del acto, que, en efecto, está bien que “Extremadura se reafirme en el rechazo imperialista y cruento del
caballo y la espada… de lo que tanto tiempo se ha mantenido como representativo
de la gloriosa gesta, en una visión deformada de la Historia” (como él dijo
más o menos), pero pienso también que no debe sonrojarnos el que nuestros
antepasados, los conquistadores, vivieran con arreglo al entorno épico y aun imperialista
que les tocó vivir. Podremos decir que de haberse hecho la gesta en este tiempo,
puede que la hubiera informado otro espíritu, pero se hizo entonces y entonces
el entorno era otro que ahora y debemos asumirlo sin sonrojarnos por ello.
A cuenta de esto, voy a contarles un caso que me sucedió visitando
Perú. Nuestro guía, un peruano culto, se las veía y se las deseaba para no
ofender al grupo español, hablando mal de los conquistadores. Vistas así las
cosas, a mi se me ocurrió decirle lo que realmente pienso: “Háblenos con toda claridad de los
conquistadores, de sus luces y sus sombras, porque da la casualidad que ellos
son más antepasados suyos que nuestros. Nuestros abuelos emparentados con
ellos, se quedaron en la península y éstos serán los suyos, porque aquí
establecieron sus familia.”
Nuestro guía entendió perfectamente lo dicho, y yo creo que esto es
válido también para enfocar ahora la celebración, sin sonrojos ningunos por
nuestra parte.
Diario HOY, 14 de octubre de 1984
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