domingo, 19 de noviembre de 2017

Una atrocidad arquitectónica


Lo comentan los cacereños y de allí lo recogemos: “Si la restauración del Palacio de los Duques de Valencia la hubiera hecho un particular, en vez de la Diputación, a estas horas estarían paradas las obras”. Por nuestra parte creemos que al comentario le sobra razón, porque estamos hartos de ver las que aquí se han armado con edificios menos monumentales, y enclavados en otras zonas, de los que podría ser ejemplo la “Casa de la Chicuela”. Ya hemos dicho lo que viene sucediendo con ese palacio, comprado por la Diputación, que acometió su restauración, convirtiendo lo que eran dos alturas en cuatro, por diversos retranqueos,  haciendo desaparecer los bellos patios de bóvedas que contenía y conservando del antiguo sólo la portada y los escudos. Ya era sospechoso el que se dijera que los muros laterales se  habían caído al tratar de restaurarlo, porque ello ha dado pie a montar esas alturas de más que tiene el edificio.
Pero no vamos a entrar en detalles, sino en lo que dice el pueblo, que es cierto. Si un particular trata de restaurarlo y hace alguna de las atrocidades arquitectónicas que ha hecho la Diputación, se hubieran echado encima: Bellas Artes, la Comisión de Monumentos, los colegios profesionales de estos asuntos, etc., etc. Precisamente, el poco precio a que se venden estos palacios radica en que, al estar en una zona monumental, teóricamente no se puede variar un clavo de ellos, aunque la teoría falla cuando se trata de un organismo de tanto peso como la Diputación, lo que sin duda es una injusticia porque esos organismos son los más obligados a conservar el patrimonio que es de todos y cumplir las normas que en muchas ocasiones ellos mismos han dictado.
No es ejemplar este  comportamiento y, aunque sabemos que no se nos hará caso alguno, tenemos que recoger lo que el pueblo dice, con toda la razón.
Diario HOY, 29 de agosto de 1984

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