Según Ortega y Gasset, en un prólogo que hizo a un libro de caza del
Conde de Yebes —que vale bastante más que el propio libro—, la amistad entre el
hombre y el perro surgió en nuestra época de las cavernas, en las que el perro
se hizo voluntariamente colaborador del hombre para la caza. Esta colaboración
se ha venido dando a lo largo de la historia del hombre, porque el perro es un
animal “versátil” que se ha adaptado
a los usos y costumbres del hombre en su evolución, evolucionando y cambiando
con él mismo y siendo auxiliar en otra serie de usos y costumbres que el hombre
ha emprendido y que ya no tenían que ver con la caza. Cuando el hombre fue
pastor, el perro se hizo guardián del ganado auxiliándole; cuando se hizo
agricultor o campesino, le guardó su hacienda; le sirvió y ayudó en su propia
defensa o ataque y hasta fue un elemento importantísimo en las guerras y en la
propia conquista de América, donde en unión del caballo, fue uno de los
auxiliares más preciados. Ahora le auxilia en la lucha contra la droga, y
seguirá con esa fidelidad a lo largo de los siglos,
Lo que pasa es que el hombre no se ha comportado con la misma fidelidad
con el perro, y surge aquí la proliferación que estos últimos años hemos tenido
de los llamados “perros cimarrones”.
¿Por qué surgieron los “cimarrones”?,
pues simplemente por el abandono del campo por parte del hombre. La emigración
y el abandono de las casas de campo, en las que solía haber uno o dos perros,
llevó implícito el abandono de estos animales, que no podían viajar a Alemania
o a otros puntos donde marchó el campesino. Quizás hubiera sido humano matarlos
—no lo sé— pero lo cierto es que quedaron abandonados y a vivir a sus expensas
y buscarse la pitanza donde podían, creando un peligro para la ganadería, y
siendo ellos los primeros perjudicados en esa emigración. Esa es la historia de
nuestros “cimarrones”, a los que
culpamos de algo cuya verdadera culpa es del hombre. Luego existe la picaresca
de algún ganadero de echar culpas de daños a perros con amos que puedan
pagárselos, pero esto también es picaresca humana en la que el pobre perro se
ha visto envuelto, sin comerlo ni beberlo.
En definitiva, que los que nos portamos mal fuimos nosotros.
Diario HOY, 5 de mayo de 1984
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