Hoy, si el día sale bueno, y si no sale también, la mayoría de los
cacereños se darán cita en la ermita de los Mártires, del Paseo Alto, para
participar en la fiesta tradicional y secular que se dedica anualmente a San Sebastián y San Fabián, santos de gran
raigambre cacereña y cuya romería con la de San Blas, son las únicas que se han
mantenido en Cáceres a lo largo de los siglos, de una forma milagrosa.
Ahora, una especie de cofradía en la que forman los que mantenían la
tradición, es la que organiza, con el párroco de San Blas —a donde pertenece la
ermita— las actuales fiestas, pero aún sin cofradía y sólo por la devoción del
vecindario de las calles próximas, esta tradición, con más o menos esplendor,
no llegó a desaparecer nunca, como tampoco llegó a desaparecer la de San Blas,
aunque desaparecieron otras muchas romerías cacereñas que parecía, en su
tiempo, que tenían más arraigo.
Muchas veces me he preguntado por qué sucedió esto, ya que, en el caso
de Los Mártires hubo ocasiones de transformación que pudieron dar al traste con
ella. Por no citar más de una diré que allá por 1846, cuando se construyó
nuestra plaza de toros, hubo que trasladar la ermita donde está ahora, ya que
la antigua ocupaba aquel solar y el sitio conocido por “era de los Mártires”, que es donde se ubicó la plaza. Pues bien,
aún este traslado, y la desaparición de la vieja ermita, no fueron capaces de
dar al traste con la romería que siguió, con más arraigo aún, en la ermita
nueva.
Yo he relacionado todo esto con lo que pudiéramos llamar el comienzo
de las fiestas de carnaval, que quiérase o no, marcaban estas dos romerías: la
de los Mártires, como anuncio del mismo, y la de San Blas, como entrada de él.
A mi modo de ver, era una especie de adiós al invierno, al mal tiempo, y un
saludo a la próxima primavera, aunque todo ello —como era lógico— envuelto en
un tinte de religiosidad muy acorde con aquellos tiempos.
De un modo u otro, el hecho es que esta romería continúa y que el
Cáceres tradicional continúa prestándole su atención, que es lo que importa.
Diario HOY, 22 de enero de 1984
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