(Incluida en el libro
“Ventanas a la Ciudad”)

Señalado ya quién es el personaje, les diré que el manuscrito es
sumamente entretenido, ya que en forma de diario de notas va reseñando en él el
vivir del Cáceres de su tiempo, que es una indudable experiencia para saber de
donde partimos y aun hacia donde vamos. Le tocó a él ser el cicerone de la
infanta Isabel cuando visitó Cáceres en 1919, y es curiosísimo saber con
pormenores los agasajos que se le dieron y hasta el menú que se le sirvió, los
personajes que estuvieron presentes y
los comentarios de la infanta a cada una de las cosas que veía.
Por sacar punta a algo, diré que sorprende saber que en Cáceres había
varias “fábricas de corcho” e
industrias corcho-taponeras, hasta el punto que la infanta visitó una de ellas
y “fabricó” con sus manos, varios
tapones -pulsando una máquina que los hacía automáticamente-, lo que se reseña
en el manuscrito aludido.
Uno, cacereño de ahora preocupado porque aquí hubiera más puestos de
trabajo en cosas en las que somos los máximos productores españoles, como el
corcho y el tabaco, se pregunta: ¿Y por qué no hay ya manufacturas de corcho
aquí, si la hubo? (las manufacturas de tabaco que se piden, al menos no las
hubo); la respuesta que hemos podido encontrar, tras bucear en la historia
cacereña de los últimos años, es que las industrias fueron adquiridas por
firmas catalanas, a las que les resultó más cómodo manufacturar en Cataluña,
llevándose de aquí solamente la materia prima, que es exactamente lo que se
hace ahora.
Diario HOY, 18 de agosto de 1985
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