
Esta uniformidad de las costumbres y la forma de decir ha sumido en
una mediocridad común a todos que, hablamos como la “tele”, designamos las calles y barriadas como oímos en las radios,
hemos perdido nuestros cantos y músicas para imitar los del cine, etc.

Vamos a recordar algunas de estas cosas perdidas en Cáceres a la
vuelta de una generación escasa: Nosotros nunca llamamos a los municipales
guardias y mucho menos policías; para nosotros los vigilantes del orden
ciudadano eran celadores, palabra
mucho más bonita que las actuales. Ahora para nosotros todo son plazas porque
hemos perdido la designación de plazuelas
para las más pequeñas y recoletas a las que ya no diferenciamos de las más
grandes llamando plaza a todas; algunas se llamaron “potros” (como en Córdoba); hay calles que llevaban el nombre de “correderas”, como la de San Juan, porque
en ella se hacían carreras de caballos, o “carrera”
para indicar que antes había sido camino, como la “calle de la Carrera”; el lugar de los mercados de ganados para
nosotros era “el rodeo”, nombre que
pasó a América, pero que aquí hemos perdido. En fin, que estamos perdiendo
nuestra personalidad ciudadana a marchas forzadas y no sé si ello será bueno.
Diario HOY, 15 de mayo de 1985
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