
Entender esto es cuestión de sensibilidad. Porque llevar un tren, no
ya a Plasencia, sino a cualquier punto de Extremadura en las actuales circunstancias
es como nombrar la soga en casa del ahorcado. Yo tengo que decir que el alcalde
placentino ha sido consecuente con su forma de pensar y hasta ha sido
hospitalario no montando el numerito.
Dicho esto, agrego que yo, personalmente, tengo gran curiosidad por
ver el tren y lo que contiene, como espero que la tengan otros muchos cacereños
que esperamos recibir el “Ibertrén”
—que es como le llama la gente del pueblo—, en Cáceres capital el próximo
sábado 5, día en que tiene anunciada su llegada. Agrego, además, que no culpo
al Instituto de Cooperación Iberoamericana ni a la Comisión Nacional del V
Centenario del Descubrimiento de América, de que la RENFE nos haya quitado
trenes en Extremadura, pero alguien debería haberles informado de nuestra
sensibilidad en cuanto a trenes se refiere.
En fin, que venir en tren a Extremadura es como nombrar la soga en
casa del ahorcado, nada más.
Diario HOY, 3 de octubre de 1985
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