
Todo esto en cuanto a lo que se refiere a la ciudad moderna que
habitamos y frecuentamos mucho más que la Ciudad Monumental que está dentro de las
murallas, que la tenemos —o deberíamos tenerla— como gala que enseñamos a los
turistas y de la que Dionisio Acedo dijo que eran “nuestros futuros pozos de petróleo” si lográbamos cuidarla y
divulgarla para que el turismo, que ahora la frecuenta tímidamente, viniera en
mucho mayor número. Todo esto quiere decir que este museo vivo que es la Ciudad
Monumental —aunque en él viva gente— necesita un trato especial y diferenciado
que no le estamos dando, ya que lo más que hacemos es tratarla igual que la
otra ciudad moderna, que ya está por sí abandonada.
Viene esto a cuento porque en todo el recinto monumental hay montones
de bolsas de basuras, esperando el camión que se las lleve, pero en sitios tan
mal elegidos que, por ejemplo, en uno de los más bellos rincones del exterior
del Convento de San Pablo, bajo un cristo de piedra, es donde se depositan. ¿No
podrían buscarse sitios menos a la vista?.
Diario HOY, 21 de agosto de 1985
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