
Siguiendo un poco el hilo de esta historia ingenua, podemos pensar que
el hombre se valía por sí y se autodefendía de la ambición de los otros, en
solitario, hasta que llegó la sociedad que, mediante unos acuerdos (en forma de
impuestos) se encargó de defender al individuo “de orden” del resto de los individuos “desordenados”, que no estaban más que a lo suyo. Esto ha ocurrido
últimamente, por ejemplo, en el Oeste americano donde los ciudadanos llevaban
pistolas al cinto hasta que llegó “La Ley”
en forma de sheriff, con lo que dejaron las pistolas en casa. Era un derecho que el ciudadano cedía a la
sociedad porque la sociedad le garantizaba su vida y hacienda. La pregunta es
ésta: ¿Cuándo esto comienza a no poderse garantizar del todo, qué debe hacer el
ciudadano? ¿Volver a ponerse en el cinto la pistola o “tragar” con que le esquilme cualquier maleante?. Esto se
preguntarán “El Figón” y otros tantos
establecimientos, atracados últimamente, así como sus dueños y un montón de cacereños
más.
Diario HOY, 29 de octubre de 1985
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