viernes, 23 de febrero de 2018

Caza y cazadores


Quizás por aquello de que en el verano el tema de conversación nos lo sirve el periódico, ayer el objeto de las críticas, bien o mal intencionadas, (alguna vez sacándoles la parte de humor que puedan tener) nos lo daban dos noticias; una, la petición de nuestro locuaz presidente, Rodríguez Ibarra, en el sentido de que se denuncie cualquier finca mal explotada. El gracioso de turno, tras leerla, dijo: “Voy a denunciar la mala “explotación” que de Extremadura viene haciendo la propia Junta, a ver si así mejoran”.
Un calendario polémico
La otra la provocaba lo referido al calendario de caza para la temporada 87-88, que no ha caído bien, sobre todo a los cazadores de “a pie”, a los que cada día se les restringe más, el campo de ejercicio de su deporte que se está dejando, según ellos, para monteros y cazadores ricos, restándoles incomprensiblemente, cuando más se habla de libertadas, la que antes tenían de salir al campo a practicarlo tras de haber abonado una licencia, que no es nada barata. Los miles y miles de cazadores modestos ven que la Junta, o los que llevan la responsabilidad de esta área, cada año dan una vuelta más a la restricción del deporte cinegético, y cada año, hay que solicitar un nuevo papel para poder salir al campo, aparte claro de pagar una licencia que no sirve para nada. Cada año, se suma una nueva dificultad al cazador modesto como para ver si desiste de su afición. “Estamos manejados por los “verdes”, decía alguno. Con esto —terciaba el que parecía más sensato— se nos está obligando al furtivismo porque parece que se legisla sólo para los monteros, los ricos y los propietarios o explotadores de tales cotos, que se están quedando con todo el campo, no para promover deporte alguno, sino para convertirlo en negocio, con la bendición de nuestros gobernantes.
Así de vidriosas son estas cosas de la caza.
Diario HOY, 4 de agosto de 1987

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