sábado, 24 de febrero de 2018

El expolio de los lavaderos


(Incluida en el libro “Ventanas a la Ciudad”)
Ya hablamos, en una ventana anterior, del expolio catalán a la incipiente industria corchera extremeña que, prácticamente, fue trasladada toda a Cataluña, pero insinuamos que lo mismo pasó con las muchas y florecientes industrias de lavado de lanas, asunto que hoy vamos a ampliar, aunque sólo sea dando un botón de muestra, como suele decirse.
Uno de los lavaderos de lanas más famosos y rentables de Extremadura fue el de El Barrueco, próximo al pueblo de Malpartida de Cáceres, en cuyas semi-ruinas ha realizado su museo Wolf Vostell. Este lavadero de lanas empleaba a un centenar de personas, entre ellas veinte mujeres; y se lavaban de 70 a 80.000 arrobas de lana en temporada. La instalación tenía grandes tinados cubiertos para el esquileo del ganado, un encerradero en el que cabían 4.000 cabezas, dos campos, uno con el suelo encalado y el otro con césped, para secar la lana; dos pedreras para escurrirla, un local llamado la estriba, de 70 varas de longitud por 14 de latitud, para almacenar la lana lavada, prensarla y dejarla dispuesta para el transporte. Aparte del depósito de aguas para el lavadero que hoy existe, había dos charcas que movían sendos molinos y criaban buenas tencas.
Este lavadero, en 1808, era propiedad del Marqués de Santa Marta y se dice que era un manantial de dinero para su dueño. En 1826 lo compraron a sus herederos los comerciantes catalanes señores de Calaff de los que, aunque una rama arraigó en Cáceres, de la que descendían don Fernando Valhondo Calaff, la otra no perdió su vinculación con Cataluña y formó parte de esa lenta “operación industrial” que fue llevándose, poco a poco, estas industrias extremeñas, con cierta lógica para ellos, ya que se llevaban allí para realizar los paños. Lo que pasó después lo sabemos todos, aquí se quedó la materia prima, que se les envía; pero todo el valor añadido de su manipulación pasó a Cataluña.
Diario HOY, 7 de agosto de 1987

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