
Tras de haber leído un poco sobre el tema, en esto como en los peces,
los grandes se fueron comiendo a los chicos y Béjar, que se comió algunas de las
industrias que pudieran aflorar en nuestros pueblos extremeños, sufrió a su vez
el expolio de las catalanes que, poco a poco y, posiblemente, sin lograrlo del
todo, se la han ido merendando
La prueba de lo que decimos, en cuanto a la competencia, semi-regional
entre Béjar y Cáceres, figura hasta en nuestro folklore, en una de las jotas
cacereñas que dice:
“En mi pueblo al crujir los
telares,
suenan más y mejor los cantares,
que aunque en Béjar le ponen más
brillo,
para paños, en Torrejoncillo”.
En 1808 en Torrejoncillo había fábricas de paño pardo en cuya
operación se empleaba todo el vecindario, antes del establecimiento de máquinas
en Béjar, Hervás, Coria y Cañaveral, que fueron los que terminaron con esta
industria para terminar, también ellos: Hervás, Coria y Cañaveral (donde había
fábrica de hilar seda), “comidos” por
Béjar o por Cataluña.
Como puede verse, fue una afloración que, en este caso, no logró la
mayoría de edad.
Diario HOY, 9 de agosto de 1987
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