miércoles, 11 de octubre de 2017

Cazadores y carniceros


En estos primeros días de caza, me he puesto muchas veces a meditar qué pensarán los conejos y las perdices y otras especies cuando, de nuevas  a primeras y sin mediar palabras, los hombres comiencen a tirotearlas, como si se hubiera desatado la guerra para ellas, Lo menos que deben pensar es que a los hombres les ha entrado una especie de locura colectiva y que las odian a todas, porque comprenderlo nunca, ya que el deseo de la caza roza el atavismo humano, quizás recordando los primeros momentos de la Humanidad, cuando había de vivirse de la caza.
Lo curioso del caso es que, el cazador clásico —de los que he conocido muchos— no odia la caza, sino todo lo contrario y hasta imagina cuentos y dichos en los que estas especies intervienen, como en ese trabalenguas cinegético que reza: “La perdiz dijo al conejo, ¿qué haces ahí buen viejo?... ¿Qué haces, perdiz?, dijo el conejo.”
Es más, hasta estos viejos cazadores, hablaban o cantaban a las piezas de caza. Recuerdo, como si fuera ahora, a “Tío Toro”, cazador empedernido y padre de una “saga” —como se dice ahora— de buenos cazadores, que montado en su borriquillo, al dirigirse al cazadero cantando la siguiente copla:
“Salir, conejos, salir,
salir de los abujeros
que ya se ha muerto el Tío Toro,
el que apichaba los perros.”
No había odio en esos cazadores, sino más bien admiración por las piezas de caza, aunque se jugara con ellas el juego de la muerte, Más de una vez oí a alguno de aquellos viejos veteranos hablar admirativamente de un conejo, o una perdiz, que no habían sido capaces de matar diciendo: “Bien me la jugó el tuno, yo creí que iba a salir por una mata y salió por otra… bien se merece el haberse ido.”
Porque el cazar no es ser sanguinario que desea arrebatarlo y abatirlo todo, sino más bien jugar al juego del ingenio con la pieza. Más de una vez he visto un ave acosada de halcones refugiarse entre los cazadores y éstos, lejos de cobrarla, ahuyentar al halcón y ponerla en libertad, cosa que no entendería alguien que no fuera verdadero cazador.
Lo peor de ahora es que hay más carniceros que cazadores y aunque ambos tengan escopetas, no son lo mismo.
Diario HOY, 9 de octubre de 1983

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.