martes, 3 de octubre de 2017

Nuestros juegos infantiles


Es indudable el antiquísimo origen de algunos de los juegos y canciones infantiles hoy al uso. Es ésta una cosa en la que no solemos parar mientes, pero que nos asombra cuando alguien nos da algún dato sobre ello,
Los juegos en general son de origen muy antiguo. No podemos negar que el juego de dados se jugaba ya en época romana y anterior, hasta el punto de decidirse  que la túnica de Cristo se la jugaron los soldados romanos a los dados. Del juego de la “Oca” se ha dicho que es un juego cabalístico que parte de la leyenda del Minotauro, pero no vamos a irnos tan lejos, sino a centrarnos principalmente en los juegos y canciones infantiles que todavía hoy están al uso.
La canción conocidísima de “Mambrú se fue a la guerra”, que aún cantan nuestros niños tiene unos orígenes también remotos. Para algunos, el tal personaje “Mambrú” fue el primer caído de las Cruzadas, aunque su verdadero nombre era Marlborough, que nosotros castellanizamos en el “Mambrú” actual. Otros estiman que el origen es menos remoto y se refiere al duque de Marlborough, descendiente del anterior, al que se le dio por muerto en una guerra en 1700… En fin, de todos modos el origen de la canción, aun a pesar de las transformaciones y vulgarización del nombre, es de origen remoto, aunque nuestros niños al cantarla no lo sepan.
Igual podríamos decir de los juegos infantiles que suelen imitar modos y modas de prácticas que hicieron los mayores. No habrá que explicar lo de los juegos de “policías y ladrones”, porque su mismo nombre indica el origen, pero hay o ha habido hasta hace poco en Cáceres un juego que para mí, y para alguna otra persona a la que he consultado, tiene su origen en la “trata de negros”, en las redadas que en el continente africano hacían muchos de nuestros nobles, que se dedicaban a este saneado negocio y que quedó “reseñada” en el juego infantil cacereño conocido por “Hilo negro”.
Este juego es una especie de “escondite” jugado entre dos partidas de chicos, en el que unos se esconden y otros los buscan. Entre los buscadores va uno al que se llama “el cabecilla”, que conoce el lugar de escondite de los otros, pero que no lo revela. Los buscadores van diciendo el sonsonete: “Hilo negro”, al que el “cabecilla” responde: “Más alante”, hasta que alguno de los buscadores dice: “¡Alto mi cabecilla!” y comienza a hacerse la búsqueda de los escondidos,
Alguien me señaló en tiempos que el juego era una imitación de cómo solían apresarse los negros para la esclavitud, y que lo que el grupo de chicos dijo en principio no era “hilo negro”, sino la frase interrogante de: “¿Y los negros?”, que luego se transformó, por uso, en la otra
De ser así, el origen del juego es antiguo, y nuestros chicos no hacían más que imitar, jugando, lo que nuestros antepasados hacían para llevar mano de obra barata a América.
Es, si ustedes quieren, una nimiedad, pero lo suficientemente curiosa como para hablar de ella. Posiblemente éste y otros juegos infantiles cacereños se han perdido, como se perderán los pocos que quedan, sobre todo a cuenta de la televisión y otros entretenimientos que anclan la imaginación de nuestros muchachos.
Diario HOY, 15 de junio de 1983

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