Quiere ser esto un toque de atención a los muchos cacereños que
frecuentan el mercadillo franco que los miércoles —tal como ayer— se hace en el
Camino Llano y que en más de un año de rodaje que lleva este zoco al aire libre
ha acabado arraigando hasta el punto de que, no solo los cacereños de la
capital lo frecuentan, sino que los de los pueblos aprovechan ese día para
venir a la capital, comprar en el mercadillo citado y resolver otros asuntos de
“papeleo” que se tengan pendientes.
Esto es tan cierto que, aún ahora en verano, cuando es más fácil
encontrar aparcamiento para los vehículos, los miércoles —a cuenta de dicho
mercado— no hay forma de encontrar uno, no ya cerca de las calles que van a él,
sino en un amplio radio de calles menos próximas al mismo, que están atascadas
de vehículos y que, sin duda, hacen las delicias de la “la grúa” de tráfico que tiene material propicio para, al par de ir
quitando vehículos, engrosar sus arcas… Pero eso es harina de otro costal.
Lo que queremos decir es que al igual que el mercado es cita de
vendedores y compradores hasta el punto de que en determinadas horas de la mañana
no hay forma de dar un paso en él, es también cita de los llamados “descuideros”, o sea los rateros
profesionales que vienen a “ejercer su
profesión” que si no es muy digna, al menos sí es productiva.
Ayer fueron numerosos los robos y raterías ocurridos en dicho
mercadillo, y las denuncias hechas en este sentido en la Comisaría que se irán
decantando estos días, puestos que el robado es lento en reaccionar y suele
denunciar cuando es ya tarde.
De esto hablaba yo ayer con la propia policía que me señalaba algo que
a mi vez quiero señalar a los usuarios de ese mercadillo, o de cualquier otra
aglomeración de este tipo. Estos descuideros, como su nombre indica, están a
sorprender precisamente “a descuido”
de los compradores y compradoras que es ilógico “den facilidades” a los cacos de las que estos se aprovechan: ir con
el bolso abierto, como se dan casos, llevar el dinero a la vista de todos,
llevar cantidades de dinero a estas aglomeraciones y no el preciso para las
compras etc., es “hacer oposiciones”
a que le roben a uno y dándose el caso de que en el Cáceres actual hay quien
vive de estos descuidos, es absurdo el que los compradores y frecuentadores del
mercadillo den estas facilidades, pero lo verdaderamente indignante es que las
dan.
Algunos de los policías nos señalaba el que en algún caso habían
tenido que llamar la atención a descuidados de este tipo.. Y luego viene las
lamentaciones.
Diario HOY, 19 de agosto de 1982
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