(Incluida en el libro
“Ventanas a la Ciudad”)

La parroquia de San Juan, con la de Santiago —más antigua— eran las
dos parroquias que se encontraban fuera de los muros de la ciudad. La de San
Juan desde sus primeros tiempos estuvo vinculada a los ganaderos, hasta el
punto de que su verdadero nombre es “San
Juan de los Ovejeros”, y que posiblemente su creación se deba a una rama de
la Mesta dedicada a la comercialización de ovejas. Es más, sus gárgolas figuran
como cabezas de carneros por esa misma designación.

En una y otra se hacían mercados, sobre todo de ganado ovino alrededor
de la Pascua, y allí se celebraron muchas de las ferias cacereñas.
La Corredera era el sitio tradicional —que aún conserva— de parada de
los coches de punto. De antiguo, para el arriendo o contratación de los coches
de caballos, y más tarde de los de motor, en lo que aún sigue siendo parada de
taxis. La comodidad de los viajeros era por la proximidad de la Posada de San
Pedro y de la de Camino Llano, centros importantes “hoteleros” de aquella época, y también porque algunos bares, como
el de “Lechuga” y el de “Gironés”, que hemos conocido hasta
nuestros días, servían de improvisada casa de comidas a los que venían a la
capital.

Diario HOY, 24 de junio de 1982
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