sábado, 12 de agosto de 2017

La verdadera tradición foral de San Jorge


Y seguimos con las fiestas patronales, ya que hoy domingo terminan las de San Jorge de Cáceres. La forma de celebrar estos festejos ha ido evolucionando con el tiempo, y en esta sección alguna vez nos referimos a la época en que se hacían “luchas” de moros y cristianos, un poco a imitación de las que se hacen en Levante, y cuya organización corrió a cargo de los concejales de festejos de cada época que, según su imaginación y según las posibilidades económicas, se realizaban con mayor o menor esplendor. Siempre, como es lógico, ganaban los cristianos, excepto en una ocasión —que ya referimos— en que hartos los “moros” de perder, estuvieron a punto de ganar la batalla y tuvo hasta que intervenir el alcalde para que quedaran las cosas en su punto.
Pero esto son cosas ya contadas y ahora la fiesta ha tomado otro sesgo, “moderno” diríamos, con la “búsqueda de la gallina de oro”, etc., etc., incorporaciones que tampoco tienen un arraigo muy tradicional, aunque las aplaudamos porque la tradición, como el camino, se hace “al andar”.
Pero lo que sí se pierde en el “polvo de los siglos” y se contempla en nuestro “Fuero” y otros documentos próximos a la época de la toma definitiva de Cáceres son dos aspectos: uno de ellos, el de que en la Corporación había de concurrir a la Iglesia de Santa María portando el “pendón de San Jorge”, que es la bandera con la que se tomó Cáceres y por tanto una de las más antiguas de España, bajo mazas, indicando que habría de portarlo el “teniente de armas”, que era el concejal más joven del Ayuntamiento, ya que Cáceres tenía su propia tropa municipal que hasta concurrió a la toma de Granada y otros diversos hechos de armas.
El segundo aspecto tradicional era que, la víspera de San Jorge, se hacían hogueras en todos los barrios, que al parecer simbolizaban los campamentos cristianos en el asedio, y se arrojaban brevas —el fruto temprano de la higuera— a todo el que pasaba cerca de estas hogueras entablándose una verdadera lucha a brevazos entre unos barrios y otros… y sin que nadie pudiera ofenderse, ya que de una tradición “foral” se trataba. Este segundo aspecto ha desaparecido ya, no hace tanto, orientándose la fiesta de otros modos.
Diario HOY, 25 de abril de 1982

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