viernes, 11 de agosto de 2017

La vuelta del pueblo a sus tradiciones

Hay un fenómeno que insensiblemente se viene produciendo y que no debemos pasar por alto. Nos referimos a la vuelta del pueblo a sus tradiciones piadosas, sin que nadie le haya instado a ello, sino por simple decisión personal sin influencias de ningún tipo.
Nos lo contaban los mayordomos de cofradías de Cáceres, a cuenta de la pasada Semana Santa. “Este año ha habido mayor participación de gente joven en los desfiles procesionales, —nos decían— y se han incrementado los cuadros de hermanos de muchas de nuestras cofradías penitenciales, precisamente con gente joven.”
No olvidemos que las cofradías, aunque tengan alguna vinculación clerical, no son un “invento” de clérigos, sino del propio pueblo que las creó hace siglos para conservar unas tradiciones que partían de sus propias costumbres y que muchas de ellas han conservado esa forma tradicional en sus propios seculares estatutos y aún, que algunas de esas prácticas chocaron en alguna ocasión con los propios clérigos que desearon manejarlas. Hemos históricos en este sentido hay muchos, que no vamos ahora a recordar, pero que vienen a incidir en que esa piedad nace y se desarrolla en el pueblo.
Lo mismo diríamos de la participación multitudinaria en el recibimiento hecho a la Virgen de la Montaña el día 21: más público que nunca, más mujeres vistiendo la mantilla española o las galas típicas, quizás menos gritos de vivas a la imagen, pero mayor recogimiento de los miles de personas que desde Fuente del Concejo hasta la Concatedral se concentraron para estar presentes en este acontecimiento piadoso y popular.
¿A qué se debe este fenómeno?, cabe preguntarse. Alguien piensa que en las épocas de crisis como la actual, el hombre vuelve sus ojos a algo que estima no es perecedero, como lo es la política y otras tanta panaceas de la Humanidad que a la larga acaban fallándonos. Es un poco lo que dijo Francisco de Borja: “servir a un Señor que no se nos muera”, algo que está en lo más profundo de nuestro ser, aunque no lo confesemos, o en la intuición del propio pueblo, que no suele equivocarse, y por encima de partidismos y banderías que sí son perecederas.
Diario HOY, 23 de abril de 1982

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